viernes, 25 de septiembre de 2015

Día 3 - juego de niños




Jumanji apócrifo

Cuando era pequeño soñaba con vivir mil aventuras. Aún soy capaz de recordar los domingos por la tarde cuando venían mis primas a jugar a casa: el suelo era magma y los muebles rocas que sobresalían. Avanzábamos intrépidos hasta conseguir el tesoro y luego tocaba merendar: para ellas helado de fresa y para mi de chocolate con un bizcochito.

Recuerdo bien el último día que jugamos juntos. Para encontrar el tesoro avanzamos cortando la maleza del pasillo, nos perdimos en el laberinto de la ropa sucia y a la salida teníamos que ir a buscar el tesoro en las catacumbas que había debajo de la cama de mamá y papá. Les dije a mis primas, decidido, que me iba a explorar el fondo de la gruta y que allí olía a humedad. Avancé tanto que dejé de oír, primero sus risas, y luego sus llamadas desesperadas. A los pocos días la pila de mi linternita se apagó y me quedé a oscuras, con lo que me fue imposible volver. Fueron días de mucho revuelo en casa, hasta la policía vino a buscarme.

No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero ya nadie grita mi nombre y he oído que mamá ha muerto. 

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