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viernes, 1 de noviembre de 2013

de la taxonomía de la vida

¡Son los taxonomistas los que desvirtúan el milagro de la vida! Y no a otros mas que a ellos les merece el infierno más ardiente. No por taxonomista me refiero a aquellos que clasifican las especies naturales que nos rodean (y que nos engloban), sino a los aburridos que regalan definiciones de todo lo que les rodea:
-¡Es un aburrido, jamás hace nada provechoso!
-¡Esa señora no controla su apetito sexual!
-¡YO soy dadaísta! 
Si, la enfermedad de las categorías todo lo daña, enquista al ser que las profiere y a quien las recibe. 
¡Qué poco caso se les hace a los integradores del ser! ¿No somos acaso una entidad plena? Quiero que me entendáis, ¿no deberíamos abordarnos desde una perspectiva holística? Se quedan siempre cortas las definiciones, los adjetivos, las categorías en definitiva. 
No obstante, eliminar los taxones es una mera cuestión gramatical. Hagamos psicomagia: toma un lápiz y un papel y defínete. Empieza con "YO SOY..." no debes dejarte nada (o todo lo que te salga). Ahora coge una goma de borrar y empieza a borrar desde el punto final y detente en la palabra "soy". Eso es todo lo que debes saber de ti, que eres. Eres la música cuando entra por tus oídos, eres el sexo cuando lo practicas con tus cónyuges, eres el viento que te despeina en el río, eres tus amigos cuando bebes con ellos, eres todo lo que ha sido, todo lo que es, y todo lo que aún está por ser. 

***

"Al hombre le pertenece todo, del mismo modo que le pertenece a una hormiga, a un árbol o a un perro".

lunes, 28 de octubre de 2013

Habla el ermitaño (otra vez)

También nosotros mantenemos relaciones con "personas", también nosotros nos ponemos modestamente el traje con el cual (y como el cual) se nos conoce, estima y busca. Vestidos así, nos presentamos en sociedad, es decir, entre personas disfrazadas que no quieren que se les diga que lo están. También nosotros actuamos con máscaras discretas y nos deshacemos de toda curiosidad que trate de ir más allá de los límites de nuestro "disfraz". Pero hay otras artimañas para "tratar" con la gente entre la gente;por ejemplo, vestirse de fantasma –lo cual es muy recomendable si queremos desembarazarnos pronto de ellos y asustarlos–. Probemos; extienden la mano sobre nosotros y nonos pueden agarrar. Eso asusta. O bien pasamos a través de una puerta cerrada, o cuando están las luces apagadas o incluso cuando estamos muertos. Este último recurso es por excelencia el del hombre póstumo. ("¿Qué creen, eh? –decía un día uno de éstos con impaciencia–. No íbamos a estar de buen humor soportando este aislamiento, este frío, este silencio sepulcral,toda esta soledad subterránea, escondida, muda, ignorada, que en nuestro caso se llama vida yque también podría llamarse muerte, si no supiéramos lo que nos sucede, puesto que sólodespués de la muerte llegamos a nuestra vida y nos convertimos en seres vivos. ¡Oh, muy vivos! ¡Nosotros, los hombres póstumos!") 

                                                               ·Friedrich Nietzsche "La gaya ciencia" pasaje nº 365

jueves, 14 de julio de 2011

de la farsa de vivir

"Marzia Rangel en The Deadfly Ensemble"

A veces, cuando vivo, me siento como aquel que despertó atado a una silla, con nudos en muñecas y tobillos,  con su chaleco en el suelo, el bastón rajado de parte a parte y su bombín perdido en esa habitación donde acababa de despertar, ajeno a todo estímulo del exterior, solo deseaba deshacerse los nudos y salir de ahí, estaban esperándole en su entorno social, donde ocupaba un modesto puesto, que había de mantener a toda costa, no podía permitir fallar a esas selectas reuniones. Al rato de forcejear con las cuerdas ásperas, se dio cuenta de que llevaba la camisa manchada de sangre seca, eso era impensable para alguien de su estatus social, aunque podría pasar si se ponía el chaleco y no se lo quitaba bajo ningún concepto. Si, podría salir de esta, aunque sus compañeros jamás olvidarían la afrenta y un aspecto como el suyo no sería ignorado, ya podía olvidarse de su estatus, de codearse con los altos cargos de Retchingstead. Todo lo que había logrado medrando durante el paso de los años, desaparecería en un momento. Si, para este desdichado, todas las acciones llevaban a la perdición, desearía estar dormido, o muerto.

lunes, 30 de mayo de 2011

El suspiro del que conoce

"¡Oh, mi codicia! En esta alma no habita el desprendimiento de sí, sino, más bien, un sí mismo que apetece todo, que a través de muchos individuos quisiera ver como a través de sus propios ojos, y agarrar como con sus propias manos: ¡Un sí mismo que recoge también todo el pasado, que no quiere perder absolutamente nada que pudiera pertenecerle! ¡Oh, esta llama de mi codicia! ¡Oh, si yo volviese a nacer en cien seres!"
Quien no conozca por propia experiencia este suspiro, no conoce tampoco la pasión del que conoce


                                                                                             friedrich Nietzsche "La gaya ciencia" (1882)

jueves, 26 de mayo de 2011

Contra los calumniadores de la naturaleza

nosotros, los pájaros nacidos libres.
Me desagradan las personas en las que toda inclinación natural se convierte inmediatamente en enfermedad, es algo deformante, incluso vergonzoso: son ellas quienes nos han seducido a la opinión de que las inclinaciones y pulsiones del hombre son malas: ¡Son ellas la causa de nuestra gran injusticia hacia nuestra naturaleza, hacia toda naturaleza! A no pocas personas les es lícito abandonarse a sus pulsiones con gracia y despreocupación: ¡Pero no lo hacen, por miedo a aquella imaginada "esencia mala" de la naturaleza! De ahí que entre los hombres quepa encontrar tan poca nobleza: el rasgo por el que esta se distingue será siempre por tener miedo de nosotros mismos, no esperar de nosotros mismos nada vergonzoso, volar sin reparos hacia donde nos sintamos impulsados, ¡nosotros, pájaros nacidos libres! Dondequiera que vayamos, siempre habrá libertad y luz solar a nuestro alrededor.


                                                                                             

miércoles, 11 de mayo de 2011


la mínima acción puede repercutir brutalmente en tu vida (y en tu circunstancia), cada individuo, pese a formar parte de un todo organizado y autorregulado, posee una dimensión profunda de la conciencia, una zona no humanizada donde se expresa, vive, es. Esta dimensión es donde habita tu esencia, esa chispa que asoma en tu mirada, el olor que te caracteriza, el "sujeto Trascendental" de Husserl, Ahí dentro habita el la realidad nouménica del "tú" o del "yo" o del "nosotros", porque es un conjunto vacío, donde tu propia forma puede ser llenada de cualquier sustancia, es decir, tú o yo, como seres vivos estamos regidos por leyes deterministas, pero del mismo modo, tenemos el don de la razón, que nos guarda un espacio creativo, que podemos cuantizar y completar como se nos antoje, es el verdadero individuo, lo que yo denomino "el yo formal" al que nadie puede acceder, a veces, incluso el "yo material" el que se manifiesta en la realidad fenoménica. tan sólo puede alcanzarse cuando se tiene un completo equilibrio emocional, a partir de la epojé podemos alcanzar el "yo formal", no de otro modo ni en ninguna circunstancia.