Muy orgulloso os muestro un artículo, que ha encontrado una vecina de Mequinenza y ha querido compartir con todos los mequinenzanos en nuestro grupo del facebook (somos muy apañados) del "Diario Independiente de Madrid" del año 1920 en el cual de habla de mi pueblo, y del que francamente, si siempre me he sentido muy orgulloso y siempre he enarbolado nuestra bandera verdiblanca, leyendo este pequeño gran gesto de los Mequinenzanos de épocas pretéritas, lo haré con más fuerza que nunca.
Somos un pueblo excepcional. VISCA MEQUINENSA!
Somos un pueblo excepcional. VISCA MEQUINENSA!
Ahora os lo quiero mostrar a vosotros también:
Año IV. —Núm. 802 ;: Ejemplar, 10 céntimos D I A R I O I N D E P E N D I E N TE Madrid, sábado, 28 dé febrero de 1920
LECCIÓN DE COSAS -
EL RASGO DE MEQUINENZA
A Monseñor Ragonesi, nuncio apostólico,que regresa á Roma para ser cardenal de la Curia, se le ha concedido la gran cruz de Carlos III. Con tal motivo, se ha querido tributarle un homenaje público; pero Monseñor Ragonesi renuncia á él, agradeciéndolo mucho, y «ha manifestado (aquí copio la noticia tal cual la encuentro) que le complacerá que las cantidades que para dicho objeto se hayan recaudado o puedan recaudarse, se apliquen a la educación popular, que el mismo señor nuncio tiene en proyecto y para el cual ha hecho ya donación de 25.000 pesetas».
Estamos por acá tan poco acostumbrados á rasgos de tal índole, que si
de Monseñor Ragonesi nos parece digno de un Carnegie, de un Pierpont
Morgan, o un Rockefeller, de un yanqui de esos que daban y dan los millones como Don Lucio del Cupón las «perras chicas».
¿Cultura popular, así se ponga bajo la tranquilizadora égida de la Iglesia?
Para nuestros ricos, sean de los nuevos, sean de los viejos, esas no son
más que pamplinas y lilailas. El dinero es, en primer lugar, imán para más dinero, y el que rebosa en nada se puede emplear mejor que en el lujo efímero, en la frivolidad provocativa y en el devoto culto... de los Siete Pecados Capitales.
Sin menoscabar en nada el generoso y positivo ejemplo que ha dado el
prelado italiano (de estirpe española,por cierto) á nuestros pobres ricos y á
la buena Acción Católica, la justicia y la ejemplaridad mandan emparejarlo
con otro rasgo de verdadera Acción Ciudadana que acaso es más meritorio, por venir de personas mucho más modestas en posición y en posibles que un rumboso y culto príncipe de la Iglesia. Acción Ciudadana he dicho ; mas no es ninguna ciudad la que señala tal acción á nuestro aplauso. Las ciudades sólo se nos aparecen hoy preñadas de escándalo, y rencores, como las soberbias naos de que abominó Quintana.
La brillante pluma de Don Juan José Lorente trazó no há muchos dias en las columnas de E L SOL la narración de un interesantísimo caso de civismo realizado por la aragonesa villa de Calanda.
Otro pueblo aragonés, el de MEQUINENZA (provincia de Zaragoza) es el que ahora nos suministra esta otra muestra de que bajo la asfixiante pesadumbre de un Estado en ruinas y plagado de parásitos sin conciencia, alienta una España con anhelos de redención y con capacidad para lograrla.
MEQUINENZA, pueblo de unos cinco mil habitantes, laborioso, hospitalario, noble y sano de carácter, no tenia para escuelas de ambos sexos más que dos miserables cuchitriles. Llegó un maestro nuevo, joven, animoso y del cual siento mocho no poder dar más señas, porque el Heraldo de Aragón—-cuyo relato sigo y trascribo puntualmente—no ha dado á la estampa el nombre y apellido de ese benemérito paladín de la enseñanza popular.
— No les da á ustedes vergüenza— dijo á los pudientes—que los niños se
hallen aquí sin recibir instrucción, mientras ustedes gastan y hasta malgastan á su antojo ?
Tanto les dijo el buen maestro y tan al alma llegaronles sus exhortaciones,
que en vez de enviarle á freir espárragos, como en otros lugares hubiera
sucedido, si no le daban una paliza por añadidura, MEQUINENZA entera reconoció que estaba cometiendo un crimen.
Y aquí dejo la palabra al Heraldo de Aragón :
"El reconocimiento de la culpa es la mejor garantía de enmienda". Los
vecinos de Mequinenza pasaron de la condición de culpables a la de arrepentidos por un proceso espiritual tan sencillo como rápido.
—Tenemos que hacer escuelas.
—Pues a hacerlas cuanto antes.
Los humildes, los pobretes, los jornaleros y los labradores "mediantinos"
dieron la pauta.
—Yo no tengo más que mis brazos, pero me comprometo a poner mi
trabajo cuantos días sea preciso y en la faena que me señalen.
—Yo doy cien pesetas.
—Yo cincuenta duros.
Estimulados y obligados por el ejemplo, los pudientes aportaron también
sus óbolos espléndidos.
Y en poco tiempo se han reunido SESENTA MIL pesetas para construir escuelas graduadas con cuatro secciones de niños y otras cuatro de niñas.
Se les insinuó la probabilidad de obtener subvención del Estado, pero
su noble ardimiento la rechaza.
—No queremos ayudas de nadie. Podemos hacemos escuelas y nos las
haremos. Así serán más nuestras, porque todos los del pueblo habremos
puesto en ellas un poco die nuestro peculio y un mucho dé nuestra alma.»
MEQUINENZA ha emprendido ya la obra, y cuando la remate habrá merecido algo más que la bendición de Monseñor Ragonesi: la de toda España, tan necesitada de que estos hermosos ejemplos de auto-renovación (self made people, dirían los ingleses) florezcan en su espíritu y fructifiquen en su conducta.
El que aquí se deja trascrito sospecho que ha de ocupar poquísimo espacio en los periódicos, si es que por ventura merece alguna atención. Ahora, y aparte de los crímenes del día, toda hace falta para la vuelta de Joselito, para cantar sus loores, narrar sus amores y ajustar la cuenta de sus deslumbradoras ganancias.
Sesenta mil pesetas para escuelas graduadas... ¿Qué significa eso junto á lo que produce una buena plaza de Toros, así en Lima como en Vilacerril?
Temo haber hecho una tontería al ensalzar el rasgo de Mequinenza y el apostolado de su maestro ; pero "quod scripsi, scripsi".
De las escuelas de MEQUINENZA no saldrán un Joselito ni una Fragosa.
Pueden salir, en cambio, un nuevo Costa, un segundo Ramón y Cajal,
y otra Concepción Arenal que emule á la gallega, llevando al estudio y
al ejemplo todo el alma y todo el empujede la pura y neta baturrería.
MARIANO DE CAVIA







