miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mequinenzano muy orgulloso

Muy orgulloso os muestro un artículo, que ha encontrado una vecina de Mequinenza y ha querido compartir con todos los mequinenzanos en nuestro grupo del facebook (somos muy apañados) del "Diario Independiente de Madrid" del año 1920 en el cual de habla de mi pueblo, y del que francamente, si siempre me he sentido muy orgulloso y siempre he enarbolado nuestra bandera verdiblanca, leyendo este pequeño gran gesto de los Mequinenzanos de épocas pretéritas, lo haré con más fuerza que nunca.
Somos un pueblo excepcional. VISCA MEQUINENSA!

Ahora os lo quiero mostrar a vosotros también: 



Año IV. —Núm. 802 ;: Ejemplar, 10 céntimos D I A R I O I N D E P E N D I E N TE Madrid, sábado, 28 dé febrero de 1920

LECCIÓN DE COSAS -
EL RASGO DE MEQUINENZA

A Monseñor Ragonesi, nuncio apostólico,que regresa á Roma para ser cardenal de la Curia, se le ha concedido la gran cruz de Carlos III. Con tal motivo, se ha querido tributarle un homenaje público; pero Monseñor Ragonesi renuncia á él, agradeciéndolo mucho, y «ha manifestado (aquí copio la noticia tal cual la encuentro) que le complacerá que las cantidades que para dicho objeto se hayan recaudado o puedan recaudarse, se apliquen a la educación popular, que el mismo señor nuncio tiene en proyecto y para el cual ha hecho ya donación de 25.000 pesetas».

Estamos por acá tan poco acostumbrados á rasgos de tal índole, que si
de Monseñor Ragonesi nos parece digno de un Carnegie, de un Pierpont
Morgan, o un Rockefeller, de un yanqui de esos que daban y dan los millones como Don Lucio del Cupón las «perras chicas».
¿Cultura popular, así se ponga bajo la tranquilizadora égida de la Iglesia?
Para nuestros ricos, sean de los nuevos, sean de los viejos, esas no son
más que pamplinas y lilailas. El dinero es, en primer lugar, imán para más dinero, y el que rebosa en nada se puede emplear mejor que en el lujo efímero, en la frivolidad provocativa y en el devoto culto... de los Siete Pecados Capitales.

Sin menoscabar en nada el generoso y positivo ejemplo que ha dado el
prelado italiano (de estirpe española,por cierto) á nuestros pobres ricos y á
la buena Acción Católica, la justicia y la ejemplaridad mandan emparejarlo
con otro rasgo de verdadera Acción Ciudadana que acaso es más meritorio, por venir de personas mucho más modestas en posición y en posibles que un rumboso y culto príncipe de la Iglesia. Acción Ciudadana he dicho ; mas no es ninguna ciudad la que señala tal acción á nuestro aplauso. Las ciudades sólo se nos aparecen hoy preñadas de escándalo, y rencores, como las soberbias naos de que abominó Quintana.
La brillante pluma de Don Juan José Lorente trazó no há muchos dias en las columnas de E L SOL la narración de un interesantísimo caso de civismo realizado por la aragonesa villa de Calanda. 

Otro pueblo aragonés, el de MEQUINENZA (provincia de Zaragoza) es el que ahora nos suministra esta otra muestra de que bajo la asfixiante pesadumbre de un Estado en ruinas y plagado de parásitos sin conciencia, alienta una España con anhelos de redención y con capacidad para lograrla.
MEQUINENZA, pueblo de unos cinco mil habitantes, laborioso, hospitalario, noble y sano de carácter, no tenia para escuelas de ambos sexos más que dos miserables cuchitriles. Llegó un maestro nuevo, joven, animoso y del cual siento mocho no poder dar más señas, porque el Heraldo de Aragón—-cuyo relato sigo y trascribo puntualmente—no ha dado á la estampa el nombre y apellido de ese benemérito paladín de la enseñanza popular.
— No les da á ustedes vergüenza— dijo á los pudientes—que los niños se
hallen aquí sin recibir instrucción, mientras ustedes gastan y hasta malgastan á su antojo ?
Tanto les dijo el buen maestro y tan al alma llegaronles sus exhortaciones,
que en vez de enviarle á freir espárragos, como en otros lugares hubiera
sucedido, si no le daban una paliza por añadidura, MEQUINENZA entera reconoció que estaba cometiendo un crimen. 
Y aquí dejo la palabra al Heraldo de Aragón :
"El reconocimiento de la culpa es la mejor garantía de enmienda". Los
vecinos de Mequinenza pasaron de la condición de culpables a la de arrepentidos por un proceso espiritual tan sencillo como rápido.
—Tenemos que hacer escuelas.
—Pues a hacerlas cuanto antes.
Los humildes, los pobretes, los jornaleros y los labradores "mediantinos"
dieron la pauta.
—Yo no tengo más que mis brazos, pero me comprometo a poner mi
trabajo cuantos días sea preciso y en la faena que me señalen.
—Yo doy cien pesetas.
—Yo cincuenta duros.
Estimulados y obligados por el ejemplo, los pudientes aportaron también
sus óbolos espléndidos.
Y en poco tiempo se han reunido SESENTA MIL pesetas para construir escuelas graduadas con cuatro secciones de niños y otras cuatro de niñas.
Se les insinuó la probabilidad de obtener subvención del Estado, pero
su noble ardimiento la rechaza.
—No queremos ayudas de nadie. Podemos hacemos escuelas y nos las
haremos. Así serán más nuestras, porque todos los del pueblo habremos
puesto en ellas un poco die nuestro peculio y un mucho dé nuestra alma.»
MEQUINENZA ha emprendido ya la obra, y cuando la remate habrá merecido algo más que la bendición de Monseñor Ragonesi: la de toda España, tan necesitada de que estos hermosos ejemplos de auto-renovación (self made people, dirían los ingleses) florezcan en su espíritu y fructifiquen en su conducta.

El que aquí se deja trascrito sospecho que ha de ocupar poquísimo espacio en los periódicos, si es que por ventura merece alguna atención. Ahora, y aparte de los crímenes del día, toda hace falta para la vuelta de Joselito, para cantar sus loores, narrar sus amores y ajustar la cuenta de sus deslumbradoras ganancias.
Sesenta mil pesetas para escuelas graduadas... ¿Qué significa eso junto á lo que produce una buena plaza de Toros, así en Lima como en Vilacerril?
Temo haber hecho una tontería al ensalzar el rasgo de Mequinenza y el apostolado de su maestro ; pero "quod scripsi, scripsi".
De las escuelas de MEQUINENZA no saldrán un Joselito ni una Fragosa.
Pueden salir, en cambio, un nuevo Costa, un segundo Ramón y Cajal,
y otra Concepción Arenal que emule á la gallega, llevando al estudio y
al ejemplo todo el alma y todo el empujede la pura y neta baturrería.

MARIANO DE CAVIA

martes, 12 de noviembre de 2013

Impertérrito

Allí donde estés, ¡cava hondo!
¡debajo está el manantial!
y deja que los hombres oscuros, cansinos, griten:
"debajo está siempre.. el infierno"

viernes, 1 de noviembre de 2013

de la taxonomía de la vida

¡Son los taxonomistas los que desvirtúan el milagro de la vida! Y no a otros mas que a ellos les merece el infierno más ardiente. No por taxonomista me refiero a aquellos que clasifican las especies naturales que nos rodean (y que nos engloban), sino a los aburridos que regalan definiciones de todo lo que les rodea:
-¡Es un aburrido, jamás hace nada provechoso!
-¡Esa señora no controla su apetito sexual!
-¡YO soy dadaísta! 
Si, la enfermedad de las categorías todo lo daña, enquista al ser que las profiere y a quien las recibe. 
¡Qué poco caso se les hace a los integradores del ser! ¿No somos acaso una entidad plena? Quiero que me entendáis, ¿no deberíamos abordarnos desde una perspectiva holística? Se quedan siempre cortas las definiciones, los adjetivos, las categorías en definitiva. 
No obstante, eliminar los taxones es una mera cuestión gramatical. Hagamos psicomagia: toma un lápiz y un papel y defínete. Empieza con "YO SOY..." no debes dejarte nada (o todo lo que te salga). Ahora coge una goma de borrar y empieza a borrar desde el punto final y detente en la palabra "soy". Eso es todo lo que debes saber de ti, que eres. Eres la música cuando entra por tus oídos, eres el sexo cuando lo practicas con tus cónyuges, eres el viento que te despeina en el río, eres tus amigos cuando bebes con ellos, eres todo lo que ha sido, todo lo que es, y todo lo que aún está por ser. 

***

"Al hombre le pertenece todo, del mismo modo que le pertenece a una hormiga, a un árbol o a un perro".

lunes, 28 de octubre de 2013

Habla el ermitaño (otra vez)

También nosotros mantenemos relaciones con "personas", también nosotros nos ponemos modestamente el traje con el cual (y como el cual) se nos conoce, estima y busca. Vestidos así, nos presentamos en sociedad, es decir, entre personas disfrazadas que no quieren que se les diga que lo están. También nosotros actuamos con máscaras discretas y nos deshacemos de toda curiosidad que trate de ir más allá de los límites de nuestro "disfraz". Pero hay otras artimañas para "tratar" con la gente entre la gente;por ejemplo, vestirse de fantasma –lo cual es muy recomendable si queremos desembarazarnos pronto de ellos y asustarlos–. Probemos; extienden la mano sobre nosotros y nonos pueden agarrar. Eso asusta. O bien pasamos a través de una puerta cerrada, o cuando están las luces apagadas o incluso cuando estamos muertos. Este último recurso es por excelencia el del hombre póstumo. ("¿Qué creen, eh? –decía un día uno de éstos con impaciencia–. No íbamos a estar de buen humor soportando este aislamiento, este frío, este silencio sepulcral,toda esta soledad subterránea, escondida, muda, ignorada, que en nuestro caso se llama vida yque también podría llamarse muerte, si no supiéramos lo que nos sucede, puesto que sólodespués de la muerte llegamos a nuestra vida y nos convertimos en seres vivos. ¡Oh, muy vivos! ¡Nosotros, los hombres póstumos!") 

                                                               ·Friedrich Nietzsche "La gaya ciencia" pasaje nº 365

domingo, 27 de octubre de 2013

Asesina formidable


Me pregunto... ¿Cómo han podido acusarla de este modo? Tan sólo mira sus dedos, tan frágiles, pálidos como los de un ángel. Honestamente, ¿Creéis que es una asesina?
Me pregunto... ¿No os parece interesante? Sus ojos son anochecer y amanecer, grabados en un bloque de alabastro
¿No os parece formidable? El carmesí de sus labios. ¡Un rugido a mil grados centígrados!
Me pregunto... ¿No os parece excelente? La línea de su vestido, una caricia lúgubre. ¡Un precio inconmensurable!
¿No os parece atractiva? el color de sus mejillas, un crescendo que alcanza el clímax en una fuga de vino tinto.

Ese hombre que la mira, mediterráneo, tan moreno, se acicala el pelo sucio de grasa de motor. Su ropa tosca ¡Tan obtusa! La camiseta manchada de sudor, saluda sacándose la boina arrugada y lacia como pan crudo.

Me pregunto... ¿No os parece osada? Todo lo que viste, un delicioso maridaje. ¡sensual primavera ante mis ojos!
¿No os parece grácil? El siseo de sus labios, un diluvio de embriagador deseo.

Una señora la soslaya, su frente se arruga como roca fundida. Sus carrillos y su ceño fruncido evidencian fervientes sollozos que braman y chillan de envidia. Sus puños apretados, y sus ojos furiosos, entornados y oxidados por las lágrimas. 

¿De verdad podéis imaginarla cavando tumbas en minifalda? Unos tacones como esos jamás han pisoteado un cadáver. ¿Qué interés tendría en despeinarse sólo para ver como alguien muere? ¡Los rizos enredados tras un combate a muerte son zafios y ordinarios!
¿No está extraordinaria y ostentosamente envuelta en un esplendor digno de ser visto?

***

Y aunque ella lo haya hecho, incluso si los ha matado a todos, os rajaré la garganta como a animaes para evitar que su belleza languidezca en prisión. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

El triunfo de la música decorativa (I)

The Deadfly Ensemble

formación completa (de izda a dcha) James R. Powell, Dhizan Blu, Lucas Lanthier, steven James y Marzia rangel
Bizarro (porque este es el primer adjetivo cuando se los ve y se los oye) grupo de música indefinible: rock, folk, ambiente cabaret, dark... Lo único que se saca en claro tras escucharlo es que son unos auténticos virtuosos. A todos los niveles: desde letras bellísimas a desquiciantes historias de personajes dementes pasando por piezas magníficas instrumentales perfectamente resueltas.
Estos 5 artistazos, unidos bajo la hábil mano de Lucas lanthier (voz y multiinstrumentalista) empezaron las andadas hacia el año 2006, desde entones han sacado tres álbumes: "an entire wardrobe of doubt and uncertainty", "a seed cathalog for extinct annuals" y el año pasado "a instructional guide for aspiring arsonists", simplemente con observar el nombre de los álbumes puedes esperar qué hay en su interior; letras complejas y muy cuidadas, sonidos elegantes y barrocos, como el impecable chelo de Marzia.
A decir verdad, The Deadfly Ensemble no es un gusto que siente bien a todos los estómagos, al igual que la cerveza mejora en el paladar cuanta más tomas, TDE mejora en el oído cuanto más escuchas, pero las letras incomprensibles, y las estructuras que, pese a ser un laborioso trabajo de orfebrería, pueden resultar desconcertantes para algunos más profanos en estos lares.
poco más que añadir a este respecto, podría hablaros de muchas canciones, pero es complicado hacer un extracto acertado de las mejores o las más representativas, pues cada álbum en si es indefinible sin escucharlo en su totalidad, lo que si haré es dejaros 2 videoclips de su último álbum y mis favoritas (sin que mi gusto personal altere vuestra percepción)

"Commercial Success" (todo un éxito, la verdad)
"The Glorious immolation of the holy order of the sun" (¿Veis a lo que me refería con "cuidado y complejo"?)


"an entire wardrobe of doubt and uncertainty"


"Revenge on the nursemaid"



Termino aquí la primera sesión de "El triunfo de la música decorativa", más como un homenaje a mis bandas favoritas que como un análisis detallado o una crítica mordaz, sentiros libres de indagar en este grupo de música, que es sobrexcelente en todos los sentidos! Ojalá nos sigan sorprendiendo con obras desquiciadas, desquiciantes y desquiciadoras como hasta ahora!

martes, 20 de agosto de 2013

viernes, 16 de agosto de 2013

manifiesto abiertamente que...

Mausoleo de la familia Raspail, cementerio de Père-Lachaise, París

"Tal vez sea yo, quien sueña con amores no correspondidos, la víctima de estúpidos que miran sin cruzar la línea".

jueves, 15 de agosto de 2013

Martillo, yunque y estribo.

-Abra la boca, por favor. Un poco más, perfecto. Atento, con estas pinzas lograré extraer el diente infectado, probablemente sienta una cierta incomodidad, que algunos llamarían dolor. Sea paciente, terminaré enseguida.-Así hablaba el doctor Quilt a sus pacientes, mientras estos, con una mueca de incomodidad y dolor, miraban con la boca abierta al mejor dentista de Retchingstead.
Su despacho, perfectamente equipado, apestaba a medicina, ese olor aséptico que en el paciente da una curiosa mezcla de seguridad y temor, como el aroma de las velas en una iglesia. Resulta llamativo como el olor de los lugares es lo primero que nos viene a la cabeza cuando tratamos de rememorar hechos pasados, como me ocurre a mí ahora, pues tuve la oportunidad de estar en ese despacho y oler ese olor que ya jamás podré confundir. La sala de espera era amplia, luminosa, con pesadas cortinas de color ocre, antaño amarillo pero ya oscurecidas por capas de polvo añejas, en contraposición al estado decrépito de las cortinas, el revistero se renovaba a diario casi con religiosa devoción. Las sillas se alineaban en la pared, y unas pocas formaban una isla en el centro de la sala, sobre una raída alfombra. El olor de esta sala llegaba cada mañana a las 8:00, cuando abría el portón de rígida madera la señorita Mary Shaw, entraba con ella su pesado perfume dulzón, florido y empalagoso hasta para una solterona como ella.
El recio portón de madera daba a una calle de las acomodadas, con árboles perennes cada dos portales y amplias aceras para el paseo de los domingos. Era un buen despacho, en una buena calle y con un buen profesional.
El doctor, imponente figura de ancha espalda y largas piernas, era un individuo de serio semblante, se refugiaba bajo la ganchuda nariz un poblado bigote y unos labios finos, de donde salía un aliento de tabaco y mentol. Sus manos, grandes y hábiles, le habían valido su reputación y las llevaba impecables, uñas inclusive. Sus ojos eran oscuros, de ningún color que yo pueda recordar pues se escondían tras unas aparatosas gafas de carey que no se quitaba jamás. Anthony Quilt era un señor muy capaz en su tarea de sacar, raspar, limpiar, y abrillantar dentaduras, pero resulta que su saber se extendía allende la cavidad bucal, era un competente médico, y su campo de estudio favorito, el sentido de la audición, que estudiaba sin tregua al terminar la larga jornada de tenazas, taladros y gritos de dolor. Tanto fue así, que el día de su cincuenta cumpleaños, decidió despedir a la señorita Shaw y cerró la consulta, vendió todo lo que había en ella, excepto los utensilios médicos del despacho, que preservó para sí. Los pocos que recuerdan al doctor Quilt, verán aquí el primer indicio de su locura, yo prefiero reservar mi opinión para un servidor y permitir que seáis vosotros quienes le juzguéis, pues ¿Qué diferencia a un loco de un cuerdo? creedme cuando os digo que no se qué escribir aquí.
En su reclusión, el doctor se dedicó a llevar a la práctica su vasto conocimiento sobre la audición. Le fascinaban los procesos físicos que implicaban a este asombroso sentido, y descubrió, como el que descubre una portezuela en el desván, que lleva a una habitación llena de telarañas y de nada más, que no todo era audible, que nuestra capacidad era limitada y lo había descubierto él. Qué horizonte de oportunidades resultaba saber que un abanico de frecuencias era "invisible" a nuestros oídos. Con el paso del tiempo y a un paso de la ruina más absoluta, ideó y se decidió a construir un artefacto con insoportable devoción, sin importar el paso del tiempo o los estragos del hambre. Muchos meses de oscura reclusión y casi total ayuno habían transformado su portentoso físico en un raquítico laberinto de protuberancias óseas, y su mente en una fatídica trampa para ratas, en una imparable obsesión por abrirse paso a esa habitación oscura de pesadillas y telarañas que había descubierto casi por casualidad, sin saber lo que había en ella.
Cuando hubo terminado su vil invención, no era más grande que un corcho de botella de vino, aquel que antaño tanto le había gustado. Sabía que venía ahora, pronunció con su boca seca unas palabras que le resultaron muy familiares: "probablemente sienta una cierta incomodidad, que algunos llamarían dolor. Sea paciente, terminaré enseguida." Se sentó al lado de su torno de dentista a accionado a pedales, y sin titubeo alguno se lo clavó en el oído derecho y tras limpiarse precariamente la sangre, sin mueca de dolor alguna se metió en la herida el artefacto por su parte más afilada. Sus ojos se abrieron como platos cuando pudo, al fin, oír aquello que tanto había anhelado. ¿Qué era? primero una guitarra lejana, tocada por mil manos, que era un piano alocado, que eran unos platillos de metal, que, cuando pudo acostumbrarse, eran unas voces lejanas y quejumbrosas, las miles de bocas abiertas que habían estado en su consulta se levantaban contra él, le gritaban, le chillaban, le recriminaban todo el sufrimiento. ¿Qué culpa tenía él?¡El dolor era necesario para curarles! Se levantó súbitamente con las pocas fuerzas que le quedaban a su decrépito esqueleto, lanzando a su alrededor todos los objetos que tenia cuidadosamente ordenados en la mesa, con su borrosa mirada logró distinguir la ventana de vidrio. Una voz, varonil y familiar, se desmarcó de las demás:-Abra la boca, por favor. Un poco más, perfecto. Atento, con estas pinzas lograré extraer el diente infectado, probablemente sienta una cierta incomodidad, que algunos llamarían dolor. Sea paciente, terminaré enseguida.- era él hablándose a si mismo. El pánico se apoderó de él, gritó y chilló y corrió hacia la ventana, atravesando el delgado panel de cristal y encontrando una muerte instantánea un piso más abajo.
Quienes encontraron el cadáver, solo pudieron reconocerle por la cartera que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón, vieron un decrépito anciano con la boca abierta hasta el pecho, el cráneo abierto sobre la acera, y con una herida sangrante en el oído derecho. Insertado en ella, unas tijeras de metal y nada más, este era su artefacto, su insana obsesión y su reclusión habían macerado esta ilusión, sinfonía insonora para aquellos que, ahora, recogen el cuerpo del doctor y barren hacia la alcantarilla los pedacitos de cerebro esparcidos en la acera.