lunes, 15 de diciembre de 2014

las aguas glaciales



la escarcha asciende desde la profundidad del río,
mientras danza,
un acorde de flauta gélida
puede ser escuchado.

No hay luz
en los reflejos de las aguas glaciales
solo el cielo nocturno 
alumbra, plagado
de destellos plateados.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Hablemos de comida



"¿Has pensado alguna vez en el efecto que en ti causa la comida? Y no, no me refiero a la placa de ateroma que, insidiosa, crece en tu aorta abdominal, ni a la barriguita cervecera que te asoma, sino a cómo la comida incide en tu salud física, mental, emocional y espiritual. 

Más ahora que nunca piensa si comes para vivir o vives para comer (haz un stop y reflexiona)

El gusto (el sentido del gusto), se desarrolla gracias a múltiples factores pues viene dado por nuestro background genético pero se modula por nuestra educación en el medio social y por nuestras experiencias personales con los sabores. 

Del mismo modo que ocurre con el lenguaje y los diferentes idiomas, donde las palabras varían sensiblemente entre regiones, las terminaciones, las conjugaciones verbales, la colocación de tildes... las gentes de diferentes regiones han desarrollado sensitividades acentuadas hacia determinadas sensaciones gustativas (no solo gusto, también textura, temperatura, palatabilidad...). La gente de distintas regiones, por tanto, configurará su dieta en base estas afinidades. 
Esto explica el fenómeno del "gusto adquirido" o lo que es lo mismo: apetencia por alimentos, preparaciones o modos de preparación de alimentos inducida por la exposición continuada al mismo en un entorno social determinado. Es el caso de los caracoles en la gastronomía española y francesa, el hígado, el pescado crudo, la mostaza de dijon, el café, el lutefisk (receta de pescado blanco curado con sosa cáustica, sí, leéis bien, sosa cáustica típico de Finldandia) y otros tantos. En ocasiones, estos alimentos resultan irreconciliables con dietas que no están familiarizadas: 

Cada adviento entrábamos en el purgatorio del lutefisk, una repulsiva comida gelatinosa parecida al pescado que sabía a jabón y emitía un olor que provocaría arcadas a una cabra. Hacíamos esto en honor a nuestros ancestros noruegos, como si los supervivientes de una hambruna lo celebrasen con un festín de corteza de olmo. Siempre sentí escalofríos al llegar el Adviento, sabiendo que este temido manjar me sería puesto delante y me dirían, "Come un poquito". Comer un poquito era como vomitar un poquito, igual de malo.

Lake Wobegon Days de Garrison Keillor

Sin embargo, lo más asombroso del "gusto adquirido" es, aunque suene a pleonasmo, que es adquirible: una persona que consuma suficiente lutefisk puede llegar a amar el lutefisk. 
Soy consciente de que con este ejemplo pocos vais a creer mi palabra, pero os aseguro que todos nos hemos habituado a algún gusto adquirido durante nuestras vidas, en mi caso la deliciosa, fresquita y burbujeante cerveza. Admitiré, sin embargo, que no me costó demasiado adquirir el gusto por beber cerveza, pero claro, cada cual necesita la exposición que necesite. 

Independientemente de las variaciones regionales, colectivas, (máxime en el caso de los gustos adquiridos) existen variaciones individuales: ciertos alimentos (o preparaciones de múltiples ingredientes), que provocan una sensación placentera de recompensa cuando los consumimos. Estos triggers emocionales están fuertemente vinculado a nuestra experiencia personal con la comida, especialmente en los primeros años; Por ello la tortilla de patata de nuestra madre siempre sabrá mejor que cualquier otra tortilla de patata, o aún con muchos años a nuestras espaldas somos capaces de recordar el sabor de los melocotones del huerto de nuestro abuelo. 

En mi caso, no me canso de decir que el mejor bizcocho es el de mi madre, definitivamente no se puede mejorar. 

En resumen, la alimentación nos afecta y nos condiciona mucho más de lo que cabe esperar, pues gusto y emoción son fuerzas idénticas que actúan en diferentes planos, esto es:

el gusto es al cuerpo lo que la emoción es a la mente. 

Las emociones que se reproducen en la mente tienden a reproducir en el organismo una determinada sensación, del mismo modo que el gusto reproduce emociones en la mente. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El estanque permanecerá quieto.

El estanque permanece quieto: 

Rocas blancas, salpicadas de liquen
emergen de la tierra húmeda
como calaveras
en el camposanto. 

Un lecho de musgo
donde yacer y morir
sepultado bajo barbas de hiedra,
el estanque permanece quieto