Si vamos a ser felices,
mejor serlo despiertos.
Encontremos un lugar
donde confrontarnos:
- en el cuerpo.
- ¿El cuerpo?
-Sí, tu cuerpo, tus hombros,
tu cuello,
el espacio entre tus pechos.
Tu espíritu:
Como el incienso: encendido;
y como el incienso,
humeante,
tu cuerpo se deshace
en salvajes volutas.
