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"A ver si arregla esta revuelta" - le dijo Luís XVI a su ministro.
"Sire, esto no es una revuelta; es una revolución" - le respondió este.
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Eran los finales de los 60, y ocurrieron muchas, muchas cosas a la vez: el ascenso de los black panthers, los recitales poéticos de la generación beat, los conciertos de rock y el alzamiento del rock progresivo como la continuación natural de la música clásica (tras un paréntesis suburbano en las últimas décadas).
Me gusta siempre decir que la propuesta hippy ha sido la más imaginativa del siglo con diferencia. No llegó a cambiar suficientemente la matriz de la sociedad como para considerarse una revolución cultural (como lo fue el renacimiento italiano), pero sí logró desviar el rumbo de la sociedad de la época, hallándonos hoy a muchos grados de distancia de donde estaríamos si nadie se hubiera alzado contra el excedente de represión (que ya denunció Marcuse, pero que estos muchachos advirtieron sin necesidad de leerle).
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Conviene hacer aquí un inpasse y hacer un repaso de algunas revoluciones exitosas a su manera a lo largo de la humanidad. Para ganar amplitud de visión sobre la cuestión que estamos tratando:
- Revoluciones políticas: como las Francesa y Rusa, cuyo objetivo fue derrocar el Ancien Régime: sustituir las monarquías absolutistas por repúblicas burguesas o dictaduras burocráticas.
- Revoluciones Industriales: como la Inglesa, cuyo objetivo fue renovar el modelo de producción. Se pasó de la artesanía a la industria y de los talleres a las fábricas gracias a uno de los mayores progresos tecnológicos de la humanidad: sustitución de fuerzas naturales (humana, animal, hídrica, eólica), por la fuerza titánica de la máquina de vapor, lo que nos garantizó niveles de producción impensables hasta la fecha.
- Revoluciones Culturales: como el Renacimiento italiano, cuyo resultado fue el redescubrimiento del hombre y de su sitio en el universo. Se sustituyó la creencia en las escrituras y el proceder dogmático para pasar al libre ejercicio de la crítica (la academia platónica florentina, por ejemplo). Se sustituyó el modelo universal ptolemaico por el heliocentrismo copernicano y por supuesto el paso de la deducción a la inducción y la experimentación, de la mano de Da Vinci o Francis Bacon.
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Vistos algunos ejemplos de revoluciones exitosas, podemos continuar con lo que nos ocupa: ¿Qué diantres ocurrió en los sesenta? Lo que ocurrió, sin duda fue una revolución cultural abortada: fue incapaz de cambiar el statu quo de la sociedad postindustrial íntegramente; aunque se sembró tanto en esos años que el s. XXI es consecuencia casi directa de aquellos cambios culturales.
¿A raíz de qué se inició este movimiento?
La respuesta sin duda hay que ir a buscarla en las contradicciones culturales del capitalismo que podemos simplificar (sin caer demasiado en el simplismo) en dos paradojas básicas:
1 - La ética laboralista puritana de la producción VS. la estética hedonista y despilfarradora del consumo.
"Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, pero recuerda que en nuestros grandes almacenes tienes desodorantes y perfumes para seguir oliendo bien."
El capitalismo nace de los hábitos laborales puritanos y calvinistas del protestantismo austero al que se le contrapone el contexto capitalista, que para sustentarse necesita compradores hedonistas (aka sociedad de consumo).
2 - Conservadurismo tradicional VS modernidad intelectual
"La lucha por hallar este medio, o más bien dicho, la lucha contra su absorción en la unidimensionalidad predominante, se muestra en los esfuerzos de la vanguardia por crear un distanciamiento que haría la verdad artística comunicable otra vez." -H. Marcuse
El burgués ha de aceptar el cambio experimentalista de las vanguardias so pena de pecar de filisteo. Puesto que se atacan los pilares de la convención conservadora: familia, religión, modales, atuendo...
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Al final, la observación de estas contradicciones les llevó a una gran pregunta: "¿Para qué sirve el desarrollo económico si tenemos que trabajar tanto como nuestros abuelos?" o dicho de otro modo: ¿Por qué hay que vivir como pioneros calvinistas en una sociedad opulenta basada en el despilfarro?
Se generó una tangente a la rat race post-industrial: hicieron las maletas y se fueron en búsqueda de sus propios ideales: eran los hippies y se iban a vivir a las comunas.
...Pero en el pecado llevaron la penitencia, ya que es muy difícil ser hippie sin el dinero de los padres o sin trabajar y hay muy poco trabajo en la contracultura: la desagradable realidad es que había que pactar con el mundo para buscarse la vida.
Y por eso abortó la revolución cultural: no cambió suficientes valores como para lograr la aparición de un nuevo modelo de sociedad. Pero cambió algunos, lo que entre los conservadores se llamó relajación de las costumbres y que enumero más abajo:
- Caída de la fe religiosa (que no de la moral) judeocristiana.
- Alzamiento de la pluralidad religiosa (como el budismo, que se popularizó en occidente).
- Ataque a la base del matrimonio y la familia "tradicional".
- Inicio de la liberación de la mujer a todos los niveles, de los homosexuales, de las minorías étnicas (al menos en el plano teórico de lo políticamente correcto).
Todo lo listado ha dejado a la sociedad del siglo XXI bastante cambiada, pero no irreconocible. Vaya por delante que no solo la revolución cultural de los sesenta fracasó por falta de sustento social, sino también por la dura reacción del stablishment: no solo dispersando (por las buenas o las malas) a los hippies sino inventando la "contrarreforma reaganiana" un nuevo modus vivendi contrapuesto cuyo credo es:
"Enriquecerse es bueno, el crecimiento económico hará más por la sociedad que la redistribución de las rentas".
De modo que ahora podemos advertir los efectos de ambas revoluciones -contracultura y reaganismo- tenemos a workahólicos trabajando once horas diarias de lunes a viernes cuyas almas migran los fines de semana hacia shangri-la prometidos lejos del agobio urbanita, simplemente para retornar los lunes al trabajo con mala cara y renovados aires de neocapitalismo.
Una vida entera descompensada entre ocio y negocio que sigue basándose en la desmesura y el despilfarro. Convendría recordar lo que ya sabían hace más de dos mil años los estoicos y epicúreos: Que pobre es quien desea demasiado y bárbaro es quien no tiene sentido de la mesura.
No venimos a este mundo a trabajar, sino a desarrollar las potencialidades espirituales que nos brinda nuestra naturaleza: inteligencia, sensibilidad y voluntad.
... y esta es la verdadera revolución pendiente.
Alejandro Callizo.
-Bibliografía recomendada:
Las contradicciones culturales del capitalismo (Daniel Bell)
El progreso decadente (Luís Racionero)
Eros y civilización (Herbert Marcuse)
