¡Son los taxonomistas los que desvirtúan el milagro de la vida! Y no a otros mas que a ellos les merece el infierno más ardiente. No por taxonomista me refiero a aquellos que clasifican las especies naturales que nos rodean (y que nos engloban), sino a los aburridos que regalan definiciones de todo lo que les rodea:
-¡Es un aburrido, jamás hace nada provechoso!
-¡Esa señora no controla su apetito sexual!
-¡YO soy dadaísta!
Si, la enfermedad de las categorías todo lo daña, enquista al ser que las profiere y a quien las recibe.
¡Qué poco caso se les hace a los integradores del ser! ¿No somos acaso una entidad plena? Quiero que me entendáis, ¿no deberíamos abordarnos desde una perspectiva holística? Se quedan siempre cortas las definiciones, los adjetivos, las categorías en definitiva.
No obstante, eliminar los taxones es una mera cuestión gramatical. Hagamos psicomagia: toma un lápiz y un papel y defínete. Empieza con "YO SOY..." no debes dejarte nada (o todo lo que te salga). Ahora coge una goma de borrar y empieza a borrar desde el punto final y detente en la palabra "soy". Eso es todo lo que debes saber de ti, que eres. Eres la música cuando entra por tus oídos, eres el sexo cuando lo practicas con tus cónyuges, eres el viento que te despeina en el río, eres tus amigos cuando bebes con ellos, eres todo lo que ha sido, todo lo que es, y todo lo que aún está por ser.
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"Al hombre le pertenece todo, del mismo modo que le pertenece a una hormiga, a un árbol o a un perro".

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