miércoles, 29 de junio de 2011

La vida es como una vía de tren, has de estar siempre en continuo movimiento, o pueden arrollarte, no puedes parar, ni siquiera volver la mirada atrás, el inexorable fluir eterno del tiempo te empuja hacia adelante, amenazante, como una locomotora imparable, detenerte es morir, volver la mirada atrás es morir, no tienes elección, por suerte para nosotros los que sobrevivimos, existen los andenes, calurosos oasis de hormigón y acero que nos ofrecen un respiro y una mirada lúcida del camino recorrido y del camino a recorrer, donde podemos demorarnos indefinidamente, aunque ello suponga un parón en el curso de la vida, un andén no es más que un sitio donde tomar un sorbo de agua y un respiro y seguir con tu camino, deseando que el próximo tren te lleve a un lugar donde ni se avanza ni se retrocede, el fin del trayecto donde no hay trenes de vuelta por toda la eternidad. 

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